Se sabe que la alimentación que recibimos en nuestros primeros años de vida, influye mucho en la salud que conseguimos a la edad adulta, también es sabido que malos hábitos alimentarios adoptados en la niñez marcan nuestra salud cardiovascular en la adultez.
Los científicos aseguran que no es suficiente solamente aplicar medidas preventivas en la adultez, ni siquiera en niños, sino que hay que aplicar estrategias nutricionales en la primera infancia (0-4 años), donde se pueden obtener mejores resultados.
Una investigación acaba de demostrar que los malos hábitos alimenticios adoptados en la niñez, tienen efectos acumulativos en las arterias, siendo una alimentación excesiva en los primeros 60 días de vida del recién nacido, la culpable de aumentar la presión arterial sistólica a 0.5 mmHg y disminuir la elasticidad de las paredes arteriales 10 años más tarde.
Se sabe que un bajo peso al nacer aumenta la probabilidad de enfermedades cardiovasculares futuras, por lo que se alimentaba a estos niños con una alimentación enriquecida, sin embargo, este estudio demuestra que el crecimiento acelerado con una alimentación de estas características, en los primeros meses de vida, aumenta la prevalencia de enfermedades como infarto o hipertensión.
El estudio evaluó el peso al nacer de 6167 niños, los cuales fueron evaluados a los 2 meses, comparando los datos con el peso y el IMC a los 10 años. Además en el último control se evaluó la capacidad elástica de las arterias.
Los resultados que se obtuvieron fueron los siguientes: los niños que habían subido de peso más rápidamente en los primeros 60 días de vida tenían 0.5 mmHg más de presión sistólica que aquellos que recuperaron peso más lentamente. También se observó rigidez en las paredes arteriales lo cual indica lesión arterial. Todos los resultados fueron hallados independientemente del sexo, del IMC, de la frecuencia cardiaca y del nivel de colesterol sanguíneo de cada niño.
Al segmentar a los niños evaluados en 4 grupos, según velocidad de ganancia de peso, se observó que los niños que aumentaron más rápido de peso la presión sistólica era 1.69 mmHg más elevada que en el grupo que había ganado peso más lentamente.
Todavía faltan investigaciones sobre este tema, y si se pueden revertir los daños de la primera infancia, pero una cosa hay que considerar siempre, que hay que tratar de crear buenos hábitos alimenticios en los niños desde sus primeros días de vida, para evitarles enfermedades a futuro.
(Via Blognutricion)


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